¿LA ENSEÑANZA DE LOS VALORES?

La formación en valores constituye uno de los temas que ha llamado la atención en las últimas décadas en el debate educativo. Esto es el resultado de la toma de conciencia por parte de la sociedad y de los mismos responsables de la política educativa de una crisis de valores en el seno de la sociedad. La transmisión tradicional de valores de la generación adulta a la joven, reconocida por Durkheim (1976:98) donde la "escuela podía relativamente armonizar dentro de sus muros", experimenta una ruptura, similar a la que han padecido las economías locales por los procesos de globalización.

En es sentido, Morín (2002:5) señala que el problema ético de la globalización nos debe llevar a "reformas institucionales y sociales para el desarrollo de la libertad, la igualdad y la fraternidad o solidaridad.,…el camino de la reforma educacional es uno de los más importantes

Esa ruptura es el resultado de la invasión de las tecnologías de la comunicación -el Internet y la telefonía celular-  y de las nuevas tecnologías de la información, los programas de televisión, los nuevos centros de reunión en particular de los jóvenes que pregonan un pragmatismo exacerbado, un estado de "placer" o "satisfacción" inmediato y una visión de lo útil. Estos espacios tienen mucha mayor capacidad para promover diversos patrones de comportamiento entre los niños adolescentes y  jóvenes, que los que se derivan del ambiente tradicional escolar cerrado por un aula con un pizarrón enfrente, así como del conjunto de las tradiciones que conforman la cultura escolar.

Cuando hablamos de valores nos referimos fundamentalmente a la cosmovisión que la persona tiene para perfilar sus creaciones y sus formas de concebir el mundo circundante. Por tanto, los valores son en primer lugar compresiones poseídas que constituyen el mundo subjetivo del individuo, que le permiten trazar la ruta de lo que se aceptará como verdadero o deseable. En consecuencia, podríamos decir que su ausencia representaría la disolución de la persona, del sujeto capaz de crear y cuestionar.  Tal como lo señala Esté (2000:256): "los valores…son constituyentes del sujeto, lo hacen.

Por consiguiente, la educación en valores debe recorrer el mismo camino y dinámica subjetiva de la naturaleza humana. Ahora bien, la formación de valores en lo individual no es lineal y mecánica sino que pasa por un complejo proceso de elaboración personal en virtud del cual los seres humanos, en interacción con el medio histórico-social en el que se desarrollan, construyen sus propios valores. La diferencia entre la existencia objetiva y subjetiva del valor y su expresión en la conciencia del hombre es explicada por Leontiev (1981) a través de sus conceptos, significados y sentido personal. Este autor al referirse a la importancia de comprender la complejidad de la naturaleza subjetiva del valor en su función reguladora de la actuación del sujeto establece la diferencia entre lo que denomina valores formales y valores personalizados.

En este sentido plantea González (1996:64):


Ningún contenido que no provoque emociones, que no estimule nuestra identidad, que no mueva fibras afectivas, puede considerarse un valor, porque este se instaura a nivel psicológico de dos formas: los valores formales que regulan el comportamiento del hombre ante situaciones de presión o control externos, y creo que no son los que debemos formar, y los valores personalizados, expresión legítima y auténtica del sujeto que los asume, y que son, en mi opinión, los valores que debemos fomentar en toda la sociedad

En Venezuela las reformas curriculares y los proyectos de reforma abordan el tema de los valores desde el ámbito académico como simples ejes transversales, competencias, contenidos o áreas académicas. Obviando que el ejercicio responsable de la Educación en Valores va más allá de un cuerpo de lineamientos curriculares o de un pensum de estudios.  Gran parte de los valores que se inscriben en la actividad educativa forman parte de lo que se denominado "curriculum oculto".

En muchas oportunidades han aparecido, tal lo hemos indicado, como ejes trasversales del pensum de estudios o formalizados como asignaturas: moral y cívica, religión, formación ciudadana, cátedra bolivariana, educación artística, entre otras. Entonces más que educaren valores se educa acerca de ellos. Se habla de ellos en exposiciones fastidiosas; pero, necesariamente poco se actúa en ellos. Y la muestra más palpable es el crecimiento vertiginoso de la violencia en los centros educativos, en todos los niveles y modalidades.

¿Cómo abordar la enseñanza de los valores desde la escuela? El debate sobre la pedagogía de los valores es tan antiguo como la filosofía. Los griegos se interrogaban sobre su origen y carácter; si eran innatos, naturales, culturales, dotados por las divinidades o adquiridos en el juego social.

Quizás el principal problema que se plantea dentro de los proceso de enseñanza y  aprendizaje de los valores  es el carácter subjetivo y personalista de los valores que los hace sumamente complejos. Los valores no son ubicables  ni son de igual magnitud o espacio ocupado de una persona a otra. El valor no se arma voluntariamente como decisión consciente. Se van conformando dentro de una articulación estrecha de factores genéticos, sociales, históricos, familiares, religiosos, culturales. Trasciende más allá de los procesos educativos. Por eso quizás no podremos hablar propiamente de un aprendizaje  de los valores en los mismos términos como nos referimos a otras competencias y contenidos de las asignaturas.

Por otra parte, es difícil  hablar de cambios de valores de un individuo o comunidad por una inducción directa o predicativa. Ni siquiera por los talleres, cursos, encuentros, sesiones o métodos más creativos o novedosos en esa materia; porque  no se trata de simple aprendizajes, saberes específicos o competencias y destrezas.

Al ser el valor parte de la constitución misma  de la persona  y la comunidad, hay que abordarlo como articulado  o imbricado con toda  su corporeidad y tejido. En consecuencia, hay que concebir su cambio como procesos que van simultáneamente al individuo y su grupo. Cuando la crisis o aperturas debilitan los valores previos generan necesidad de nuevos.

Por ejemplo,  la concepción paternalista del estado venezolano tiene jerarquía de valor ético-político en Venezuela. Valor de muy larga data y reforzado en los últimos años por la riqueza concentrada en manos del Estado, particularmente la renta petrolera. Sustituir ese valor por otro que impliquen el esfuerzo comunitario y la percepción del  Estado como un servidor social y no como un padre poderoso y dadivoso, es una tarea muy compleja que sólo puede ser pensada lograble desde el ejercicio mismo de la dignidad personal y el esfuerzo comunitario.

  

Por eso, es perentorio el abordaje de los valores desde los acontecimientos y contextos donde se desenvuelve el hecho educativo; a fin de dar respuesta pertinente y oportuna tanto a los intereses como a las necesidades  de todos los actores que intervienen en la actividad educativa: estudiantes, padres, profesores, comunidad local, instituciones…

No se trata en principio de cambiar al estudiante, sus valores y cultura por cambiar. Se trata, mejor, de precisar y establecer sus valores, revindicarlos como constitutivos, dignificarlos; y dese allí, con la fuerza así establecida, adelantar los cambios que la misma dinámica vaya gestando. Por eso, es conveniente en todo este ejercicio preguntarse, entre otras cosas: ¿En qué sujetos deseamos educar valores? ¿Qué valores posee esa persona?¿Cuáles son los valores de la sociedad donde vive?

Para bien o para mal, no hay persona sin valores. Lo frecuente es que su conjunto de valores o referentes entren en crisis y se debiliten. Por eso, más fácil tal vez, que cambiar valores sería rescatar los existentes aunque menguados; y a partir de ellos, dignificar la condición del ser humano haciéndolo actor de su propio cambio. Más que aprendizaje, para los valores sería cultivo de los valores. Cultivo quiere significar un proceso externo-interno de juego-comprobación-consolidación, que se inicia en la intimidad de una relación intersubjetiva y se prolonga  en diversas intensidades a los grupos sociales.

Podríamos pensar que el ciclo de necesaria reafirmación social de un valor es mucho mayor que un aprendizaje ordinario. Tal vez el sujeto presienta que la repercusión de un valor en todo su seres mucho más comprometedor que el de un simple conocimiento académico y le exija, para aceptarlo y vivirlo, mayor tiempo y requisito.

LISTA DE REFERENCIAS

Durkheim, E. (1976) La educación moral. Barcelona: Ediciones Nuevo Mundo.

Esté A. (2000). Valores y Referentes. Madrid: Ediciones CAIFAN.

González, F. (1996) Un análisis psicológico de los valores. Su lugar e importancia en el mundo subjetivo. Colombia: Editorial Ciencias

Leontiev (1981) Actividad. Conciencia. Personalidad.  México: Editorial Pueblo y Educación.

Morin E. (2002). Conferencia Plenaria Etica y Globalización. Disponible en http://www.scribd.com/doc/6800653/Morin-Edgar-Etica-Y-Globalizacion