DOCTORANTE: Lic. José Gregorio Andrade

Obra Consultada: Educar para Humanizar

Autor: Antonio Pérez Esclarín. Editorial NARCEA. Madrid. 2005.

EDUCAR PARA HUMANIZAR

Educar para humanizar (2005) es uno de los títulos de la extensa obra del profesor investigador venezolano Antonio Pérez Esclarín. Desde una visión humanista expone cómo la educación, particularmente en Venezuela, no puede tener  otra finalidad sino recuperar el valor de la dignidad de las personas y enseñar a vivir humanamente. Ahora bien, antes de abordar sus planteamientos es conveniente puntualizar, de manera genérica, la postura ontológica y axiológica del humanismo entorno al ser humano y a su proceso educativo.

            A lo largo de la historia el significado atribuido al término humanismo ha variado de acuerdo a diferentes concepciones de lo que constituye la esencia humana, la naturaleza del ser humano. La recuperación de estas transformaciones es complicada porque llama a una revisión de las condiciones en que se ha conformado una idea del ser humano derivada de coyunturas socioculturales específicas. En el siglo XX se desarrollan tres orientaciones humanistas: las que derivan del marxismo, las de inspiración cristiana y las de filiación existencialista.

            Actualmente el término humanismo se utiliza frecuentemente para indicar toda tendencia de pensamiento que afirme el valor, la dignidad del ser humano, que muestre un interés primario por la vida y la posición de la persona en el mundo.  No obstante, cada orientación dentro de esta corriente de pensamiento corriente le imprime su particular propio énfasis.

            Uno de los aspectos resaltantes de la corriente humanista es el estudio y promoción de los procesos integrales del individuo. De esta manera, la personalidad humana es concebida como un sistema holístico en continuo proceso de desarrollo; y debe ser estudiada tanto en su contexto interpersonal como socio-ambiental. Planteamientos que están vinculados particularmente con la Teoría Socio-histórica de Vygotsky (1991) y los modelos sistémicos bioecológicos  del desarrollo humano, como por ejemplo el de Bronfenbrenner y Ceci (1994). Así mismo, el humanismo está vinculado con la corriente existencialista; en ese sentido, Hernández (1990:57) señala

El humanismo incorpora del existencialismo la idea de que el ser humano va creando su personalidad a través de las elecciones o decisiones que continuamente toma frente a diversas situaciones y problemas que se le van presentando durante su vida. Las conductas humanas no son fragmentarias e implican aspectos naturales como el egoísmo, el amor, las relaciones interpersonales afectivas, las cuestiones éticas, los valores como la bondad, o aspectos naturales físicos como la muerte, la sexualidad, entre muchos otros.

            Dentro del paradigma humanista se concibe a la persona como un ser capaz de elegir su propio destino, libre  para establecer sus propias metas de vida  y responsable de sus propias elecciones. Particularmente en la psicología y la pedagogía humanista se sustenta que la persona:

1.- Es una totalidad - énfasis holista-: debe estudiarse en su integralidad y no fragmentadamente.

2.- Posee un núcleo central estructurado, es decir, su "yo", su "yo mismo" (self) que es la génesis y estructura de todos sus procesos psicológicos.

3.- Tiende naturalmente a su autorrealización formativamente. Ante las situaciones negativas deben trascenderlas. Si el medio es propicio, genuino, empático y no amenazante, las potencialidades se verán favorecidas.

4.- Es un ser en un contexto humano y vive en relación con otras personas.

5.- Es consciente de sí mismo y de su existencia. Se conduce de acuerdo con lo que fuimos en el pasado y preparándonos para el futuro.

6.- Tiene facultades de decisión, libertad y conciencia para elegir y tomar sus propias decisiones, lo que se traduce en un ser activo y constructor de su propia vida.

7.- Es intencional, es decir, que los actos volitivos o intencionales se reflejan es sus propias decisiones o elecciones.

            Desde el punto de vista humanista, el eje central de la educación es ayudar a los estudiantes para que decidan lo que son y lo que quieren llegar a ser; por consiguiente, hay que ayudarlos a ser personas en toda la extensión del término.

            En esa línea del pensamiento humanista, Pérez (2005) argumenta la postura central de su obra: la necesidad de recuperar y revitalizar el fin y el valor último de la educación que es enseñar a vivir humanamente. Planteamiento que el autor expone (Ob. cit.:47)  en los siguientes términos:

En este contexto de deshumanización y de violencia generalizada…el objetivo de toda genuina educación…no puede ser otro que recuperar la dignidad de las personas y enseñar a vivir humanamente. Educación para despertar a la gente, para ayudarles a ver y a mirar, para quitarles las vendas de los ojos…par llegar a ser persona, de volver a poner de moda el ser humano

            Desde este planteamiento central, conviene hacer tres consideraciones que a nuestro modo de ver son importantes. En primer lugar, la afirmación "poner de moda el ser humano" podríamos correlacionarlo con lo señalado por Morín (1999:17) cuando expresa: "la educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana". 

            Centrar la educación en la condición humana indiscutiblemente no refiere a su dimensión axiológica. Por su carácter fundante, en la dimensión axiológica está la clave de una educación para humanizar. Tal como lo plantea Freire (1990) la dimensión axiológica es la dimensión de los valores y de la finalidad de la educación; y el fin de la educación es la búsqueda de la humanización de hombres, mujeres, sociedades y mundo a través de un proceso transformador y liberador. Por tanto, ninguna de las demás dimensiones de la educación (dialógica; política, gnoseológica y metodológica) puede ser entendida al margen de este fin educativo que le otorga su último y más pleno sentido a la práctica pedagógica.

            Es en esta parte que nos preguntamos como educadores, ¿nuestra praxis educativa propicia la humanización o deshumanización de los estudiantes?, ¿estamos realmente concientes del significado de una educación centrada en los valores de la condición humana?, ¿estamos realizando los necesario y pertinente para humanizar la educación?

En segundo término, conviene señalar que la visión humanista que le imprime  Pérez (2005) al fin educativo es de orientación cristiana; en donde la persona, con aspiraciones connaturales y sobrenaturales, tiene la tarea de construir su propio destino por los senderos del Evangelio y sus valores imperecederos.  

            Pero aún así, cabe indicar que a pesar de todos los aspectos que pudiesen ser cuestionables en esta orientación pedagógica humanista, en el caso venezolano específicamente no se  puede desconocer los significativos aportes que brindan los centros educativos bajo esta axiología educativa, como por ejemplo las escuelas de Fe y Alegría y los talleres de la Asociación de Promoción de Educación Popular.

            Es perentorio recordar que en Venezuela, en los últimos años, se viene debatiendo la construcción de un proyecto educativo cónsono con las realidades venezolanas y con la visión educativa humanista consagrada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) – Cf. Art. 102- En consecuencia, se hace necesario y pertinente poder conciliar – en diversidad y homogeneidad- las distintas orientaciones educativas humanistas del país, a fin de evitar dos extremos perjudiciales: por un lado una anarquía escolar donde cada quien tenga su propia proyecto educativo totalmente aislado del resto del sistema ; y por otro lado, una totalizante y cerrada visión educativa por parte de Estado. Ciertamente este es un desafío y reto gigantesco pero urgente, al respecto Morin (Ob. cit.: 20) puntualiza:

La educación del futuro deberá velar porque la idea de unidad de la especie humana no borre la de su diversidad; y la de su diversidad no borre la de la unidad…Hay que concebir la unidad de lo múltiple, la multiciplidad del uno. La educación deberá ilustrar este principio de unidad-diversidad en todos los campos.

Por otra parte, Pérez (2005) va entretejiendo desde su argumento central cuatro temas ejes:

1.- El  educador que necesitamos (Capítulo I y V)

2.- El contexto social deshumanizador (Capítulo II)

3.- Itinerarios Educativos  ( Capítulo III)

4.- Principios Pedagógicos (IV).

Abordemos a continuación, el elemento principal que consideramos es desarrollado en la obra "Educar para Humanizar" (2005):

El  educador que necesitamos (Capítulo I y V)

            Para Pérez (2005) el prototipo de educador necesario debe ser más que un simple funcionario público; más bien un líder carismático experto en humanidad; definido (Ob. cit.: 151)  en los siguientes términos:

Necesitamos, en definitiva, MAESTROS. Tenemos muchos licenciados, profesores, y hasta magisters y doctores; pero escasean los maestros: hombres y mujeres que conciban la educación como un proyecto ético de vida, experto en humanidad y ciudadanía; que encarnen estilos de vida; ideal, modos de realización humana, que con su ejemplo y con su vida promuevan una vida plena ayuden a ser

            Bajo estas características la misión del educador es ser un modelo referencial de vida y de los valores.  El cual no debe limitarse a solo impartir conocimientos o facilitar el desarrollo de habilidades y destrezas dentro del ámbito escolar; sino más bien a formar personas, a enseñar a vivir con sentido y proyecto – ámbito educativo-.   

            Frente a esta concepción del rol del educador  algunos  sostienen que su misión no está circunscrita específicamente dentro del ámbito educativo sino más bien escolar; por lo tanto, el papel del educador se centra en el orden estrictamente técnico. En este sentido; Albornoz (2002:81) indica:

En la sociedad moderna, el docente es un técnico. Entrenado para una función; y, si bien puede coincidir con ese interés, quien tiene responsabilidades educativas no compite con el hogar. Las del docente son responsabilidades escolares, no educativas, lo cual parece una paradoja. El docente no es un asesor espiritual, ni un consejero, ni una doméstica ni un servicio del hogar; sino un técnico, que bien puede incluir el lado "humano" pero ello es privilegio de su condición personal, no de su entrenamiento profesional. Como miembro del aparato educativo, es un agente más, a menudo, por cierto, portador del gusto promedio de la sociedad del espectador.

            Desde  nuestro punto de vista, alinearse con una u otra postura sería desfigurar o fragmentar  la compleja y variada dimensión del ser educador. Ciertamente, es innegable que la sociedad forma, atribuye y exige del Docente tareas técnicas muy específicas dentro del ámbito escolar; pero tampoco es menos cierto que también demanda de él –como actor educativo- un liderazgo que va más allá de las aulas de clases: ayudar aprender a vivir y convivir en un mundo complejo y globalizante.

            Al respecto, Morin (1999) distingue acciones concretas entre los términos educación y enseñanza. Por un lado, la palabra "enseñanza" no basta, y por el otro, el término "educación" implica algo de más y una carencia. Por esta razón, piensa en una enseñanza educativa. La misión de esta enseñanza es trasmitir, no saber puro, sino una cultura que permita comprender nuestra condición y ayudarnos a vivir. Al mismo tiempo, debe favorecer una manera de pensar abierta y libre.

El contexto social deshumanizador (Capítulo II)

            Para Pérez (2005), la humanidad se ve envuelta en una creciente anticultura deshumanizadora la cual denomina "cultura de la violencia", presente en todos los órdenes: políticos, militares, laborales, familiares, culturales, ambientales y comunicacionales. Y señala que en medio de todo este sin fin de acontecimientos violentos la educación tiene ayudar a los hombres y mujeres a recuperar el verdadero sentido de la naturaleza humana.

            Indubitablemente, este tipo de cultura va en creciente aumento – de acuerdo a las estadísticas y estudios-. La violencia en todas sus expresiones – verbal, física, sexual, psicológica…- menoscaba la dignidad y los derechos del ser humano. Por consiguiente, la educación -que no escapa de ese entorno- no puede asumir un rol pasivo e indiferente frente a estas circunstancias. Desde todos los ámbitos, proyectos, acciones y actores educativos (Familia, escuela, sociedad y Estado) debe emprender la desafiante tarea de enseñar a comprender el valor del ser humano, y luchar por una ética de la comprensión humana.

Itinerários o valores Educativos  (Capítulo III)

Pérez (2005) presenta una serie de caminos o valores que debe emprender la Educación para enseñar a vivir humanamente.  Entre ellos señala:

<!--[if !supportLists]-->1.      <!--[endif]-->Valorar la vida como un Don

<!--[if !supportLists]-->2.      <!--[endif]-->Cultivar el asombro

<!--[if !supportLists]-->3.      <!--[endif]-->Cultivar el agradecimiento

<!--[if !supportLists]-->4.      <!--[endif]-->Cultivar la humildad

<!--[if !supportLists]-->5.      <!--[endif]-->Concebir la vida como un proyecto

<!--[if !supportLists]-->6.      <!--[endif]-->Alcanzar la plenitud afectiva y la verdadera alegría

<!--[if !supportLists]-->7.      <!--[endif]-->Alcanzar la plenitud Intelectual

<!--[if !supportLists]-->8.      <!--[endif]-->Alcanzar la plenitud corporal: aprender  a envejecer y a morir

<!--[if !supportLists]-->9.      <!--[endif]-->Alcanzar la plenitud sociopolítica

<!--[if !supportLists]-->10. <!--[endif]-->Aprender a vivir en familia

<!--[if !supportLists]-->11. <!--[endif]-->Llegar a ser padre-madre

<!--[if !supportLists]-->12. <!--[endif]-->Construir la fraternidad universal y cósmica

<!--[if !supportLists]-->13. <!--[endif]-->Aprender a no agredir y a resolver conflictos sin violencia

<!--[if !supportLists]-->14. <!--[endif]-->Aprender a valorar lo propio y respetar lo diferente

<!--[if !supportLists]-->15. <!--[endif]-->Aprender a colaborar, compartir y ser solidarios

<!--[if !supportLists]-->16. <!--[endif]-->Aprender a respetar, cuidar y querer la naturaleza

<!--[if !supportLists]-->17. <!--[endif]-->La necesidad de recuperar la política como servicio al bien común

<!--[if !supportLists]-->18. <!--[endif]-->Propiciar una escuela democrática

<!--[if !supportLists]-->19. <!--[endif]-->Alcanzar la plenitud espiritual: vivir como un regalo para los demás

            En esta extensa lista de caminos educativos que propone Pérez (2005) podemos indicar, en primer lugar, las siguientes consideraciones:

1.- Como postura humanista, se concibe a la persona con un todo integral; y por consiguiente el abordaje de la educación debe ser holístico: desde el ambiente micro (individuo, familia, pareja, valores personales…), pasando por el meso ambiente (escuela, comunidad local, valores educativos…) hasta  llegar al ambiente macro (sociedad, cultura, medio ambiente, valores sociales…).

2.- Aún a pesar  que los valores no son decantables o separables se observa una cierta tipología de los valores pasando desde lo religiosos, ecológicos, estéticos, hasta los éticos.

3.- Desde su orientación humanista, le imprime al hecho educativo una apertura hacia dimensión trascendente de un ser supremo: Dios

4.- Guardando las distancias con otras orientaciones humanistas -como  marxista o existencialista- pone de relieve aspectos que indiscutiblemente la educación no puede omitir y dejar de enfrentar para darle soluciones pertinentes, tales como: la crisis de valores, la enseñanza de los valores, la convivencia familiar, el respeto por la diferencias, las relaciones con el medio ambiente, la escuela con carácter plural y democrático y  los valores de convivencia social necesarios para disminuir la violencia: solidaridad, tolerancia, el respeto por sí mismo y por el otro

            En segundo término, estos itinerarios o valores educativos no son más que el cuerpo axiológico de su propuesta educativa. Pero el trasfondo de su planteamiento nos sitúa en el plural y complejo debate sobre los valores y la educación.

            Los diferentes puntos de vista acerca de la reciprocidad entre la Educación y los valores están relacionados a interrogantes como: ¿qué relación existe entre los valores y el proyecto educativo?, ¿es tarea de los centros educativos formar valores?, ¿cómo podrán los centros de educación medir la formación y el desarrollo de valores?

            La comprensión de ¿qué son los valores?, ha sido objeto de reflexión y polémica por los más relevantes filósofos de la antigüedad hasta la actualidad. Expresión de ello es el debate entre una visión objetivista que plantea que  el individuo crea el valor, frente  a la óptica subjetivista que sostiene que el individuo no lo crea sino que lo descubre. Al respecto Guervilla (1994: 31) expone:

El valor como el poliedro posee múltiples caras y puede contemplarse desde variados ángulos y visiones, desde una posición metafísica, los valores son objetivos: valen por sí mismos; desde una visión psicológica, los valores son subjetivos: valen si el sujeto dice que valen; y desde el aspecto sociológico, los valores son circunstanciales: valen según el momento histórico y la situación física en que surgen

            Los valores no son, pues, el resultado de una comprensión y, mucho menos, de una información pasiva, ni tampoco de actitudes conducidas sin significación propia para el sujeto. Es algo más complejo y multilateral, pues se trata de la relación entre la realidad objetiva y los componentes de la personalidad, lo que se expresa a través de conductas y comportamientos, por lo tanto, sólo se puede fomentar los valores a través de conocimientos, habilidades de valoración y reflexión en la actividad práctica.

            Los valores desde el punto de vista educativo son considerados pautas, abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Son guías que dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.  En consecuencias, el valor es todo lo que favorece la plena realización del hombre como persona.

Principios Pedagógicos  (IV)

            En el capítulo IV, Pérez (2005) entra de lleno a considerar los principios pedagógicos que él considera necesarios para que la educación adquiera su carácter humanizador. Lo titula "las cinco vocales de la pedagogía":

  • A: amor, alegría, asombro, autoridad, alumno, audacia
  • E: escucha, éxito, entusiasmo, equipo, expresión, experiencia.
  • I: inteligencia, investigación, integral
  • O: organización, observar y ocio
  • U:único y utopía

            Una lectura de tales principios pedagógicos, deja entrever, que el autor los postula en tres direcciones:

1.- Desde una perspectiva constructivista: donde se plantea que el verdadero aprendizaje humano es una construcción de cada individuo que logra modificar su estructura mental y alcanzar un mayor nivel de diversidad, complejidad e integración; es decir, es un aprendizaje que contribuye al desarrollo de la persona.

2.- Desde el enfoque del aprendizaje significativo  planteado por Ausbel (1978): que es el proceso mediante el cual el sujeto incorpora a su estructura cognitiva, nuevos conceptos, principios, hechos y circunstancias en función des sus experiencias previas, con lo cual se hace potencialmente significativo.

3.- Desde una antropología y axiología cristiana: la cual plantea que el ser humano por haber sido hecho a imagen de Dios, es capaz de conocer –aprender- y conocerse; de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas.

            Estos principios son aspectos referenciales  y experienciales desde la visión e identidad educativa de la Red de escuela de Fe y Alegría. El autor sólo los expone simplemente  en la línea de una  propuesta educativa.

LISTA DE REFERENCIAS

Albornoz O. (2002). El Valor de Savater. Revista Digital Educere. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/356/35601714.pdf

Freire, P.(1990). Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI editores.

Guervilla (1994).  Valores Humanos. Barcelona. Ediciones ESCO.

Hernández (1990). El Humanismo del siglo XX. México: Gestión 2000

Morin E. (1999). Los siete saberes necesarios a la Educación del Futuro. Francia: Ediciones UNESCO.

Pérez  A. (2005). Educar para Humanizar. Madrid: Ediciones NARCEA S.A.